FILOSOFOS
GRIEGOS ANTES DE SOCRATES
Los Jonios, la Materia.
Hacia el año 1.100 A. C. los griegos comenzaron a fundar colonias
en Jonia, costa oriental del Mar Egeo (actual Turquía). Cinco siglos más tarde,
por del año 580 A. C., unos griegos de Jonia inician la ciencia y la filosofía.
Durante esos cinco siglos, los griegos desarrollaron sus competencias
olímpicas, comenzaron a construir con piedra, hicieron esculturas independientes
de los edificios, avanzaron en su cerámica y su música, y el genial Homero
les abrió el camino de la poesía. Si la epopeya de Homero era el canto a un
mundo heroico y aristocrático, la de Hesíodo, agricultor de los campos de
Beocia, era campesina. Después floreció la lírica con diversas modalidades,
diversos metros y en diversos lugares: Tirteo es poeta de la valentía guerrera
en Esparta; Mimnermo de Colofón revela el espíritu voluptuoso de Jonia; la
canción subjetiva tiene como centro geográfico la isla de Lesbos donde están
Alceo y Safo. Alceo dice que la concha marina "es hija de la piedra y
del mar". Así pues, cuando comienza la ciencia y la filosofía, por temprano
que sea en la historia, ya Grecia tiene una cultura digna de respeto y Solón
-que también era poeta- está introduciendo sus geniales reformas sociales
y políticas en Atenas.
Sigue siendo sorprendente, sin embargo, que, entonces, unos
griegos de Jonia comenzaran a hacerse preguntas hasta entonces no acostumbradas
. Ante sí tenían otros hombres, parecidos pero diferentes, animales de tierra,
animales del aire, animales del mar, plantas de diferentes formas, piedras,
montañas, vientos, olas, estrellas que giraban, días y noches que se sucedían;
unas cosas parecían durar, otras desaparecían, otras se destruían entre sí.
Se preguntaron: ¿Qué explicación podemos dar de todo esto? Aristóteles, refiriéndose
a ellos, dice que buscaron la arjé de las cosas; traduzcamos: "el
principio las cosas", donde lo temporal de la palabra principio se transforma
en lo que constituye las cosas, lo que hace que las cosas sean lo que son.
En la ciudad de Mileto, un señor a quien conocemos por el
nombre Tales (c. 640 - c. 546) consideró que la pregunta más importante
a responder era ¿de qué están hechas todas estas cosas? Llegó a convencerse
de que la respuesta no podía estar en la pluralidad. A pesar del caos aparente,
tiene que existir algo que es común a todo, da permanencia a todo y da unidad
al todo. Algo subyacente, discernible por la razón aunque no por los sentidos.
Una materia común que perdura a pesar de los aparentes cambios y que
explica esos cambios. Tales de Mileto creyó que esa "sub-stancia",
eso que está como debajo de todo, era el agua o la humedad.
Lo del agua o la humedad habla del estado de la ciencia de
aquel inicio. Para el pensamiento filosófico importa mucho más lo otro: el
entendimiento de que tiene que haber algo común y permanente; sin ello el
mundo no tendría sentido.
"Lo que constituye el mérito histórico del milesio es
el concepto de principio originario de todo ser, concepto que fue él el primero
en ver y definir." (1)
Anaximandro (c. 610 - c. 547) y Anaxímenes (c. 585 - 528),
ambos también de Mileto y discípulos de Tales, pensaron igualmente que la
pregunta fundamental era ¿de qué están hechas todas estas cosas? e
igualmente respondieron con una materia común, perdurable y unificadora.
Anaximandro trata de poner orden y clasificar las cosas, y observa que
hay cosas como opuestas a otras, como en guerra con otras; la oposición primaria
se da entre lo caliente y lo frío, entre lo seco y lo húmedo. A veces ganan
unos, a veces otros. (Probablemente Anaximandro no distinguía todavía entre
el "estado" de una cosa, digamos caliente, y la cosa misma). Piensa
que ni lo caliente, ni lo frío, ni lo seco, ni lo húmedo, podría ser la substancia
primaria del universo. No podía ser el agua o la humedad, como había dicho
Tales, porque la humedad no engendra fuego, más bien lo apaga. Entonces, la
arjé de las cosas, el principio de las cosas tiene que ser una masa
indiferenciada (ni caliente, ni fría, ni seca, ni húmeda) de enorme extensión
en la que los elementos antagónicos estaban sólo de un modo latente o potencial.
Llamaba a esta masa apeiron, lo indeterminado.
Para Anaxímenes la substancia primaria era el "aire"
(en griego aer que en aquel tiempo decía aire, vaho o niebla). En su
estado natural es la atmósfera invisible; pero puede condensarse en niebla
y agua, y aun en substancias sólidas. El "aire" en su forma más
pura y más enrarecida era el elemento de la vida. Este elemento está aprisionado
en el cuerpo de todo animal y de todo ser humano, es su alma.
Un discípulo decía: el alma es "una pequeña parte del
dios", entendiendo por "dios" el universo. Si el aire en su
forma más enrarecida es la vida y es el alma de los vivientes, y si el alma
es parte del dios-universo, el universo seguía siendo para estos filósofos
un ser viviente muestra de pensamiento pre-racional del que aún no
logran separarse enteramente. Es curioso observar cómo estos hombres que por
primera vez pretenden explicarse el mundo en que viven con sólo el instrumento
de su razón, al enfrentarse al fenómeno de la vida, como que no pueden con
él y vuelven a respuestas pre-racionales. Bien mirado el asunto, sin embargo,
su incapacidad para explicar la vida nos habla simultáneamente de su capacidad
de comprender que el fenómeno de la vida era algo muy por encima de todo lo
demás. Aunque en otros asuntos evitaban el lenguaje de la religión de su tiempo,
llamaron "dios" a la substancia primera, a la arjé que creyeron
descubrir. Así lo hizo Anaximandro con su "apeiron" y Anaxímenes
con su "aire". Se atribuye a Tales la frase: "todo está lleno
de dioses".
Pero había otra razón para que aquellos primitivos científicos
siguiesen pensando en la substancia común como ser viviente; ignorando el
problema de la causa primera (por lo que Aristóteles los consideró "indolentes")
no se preocuparon de explicar por qué la substancia común que todo
lo unifica se fue haciendo otras cosas: piedra, niebla, pájaro. La substancia
común -como ser viviente- suple la "indolencia" porque -por viviente-
explica su propio movimiento, sus propios cambios.
Los jonios creyeron que la pregunta importante era ¿de qué
están hechas todas estas cosas? Respondieron con una materia común
que perdura a pesar de los aparentes cambios. Por eso se les puede llamar
"materialistas", pero con un sentido distinto al que ese adjetivo
tiene ahora. En el lenguaje moderno designa a la persona que ha escogido entre
materia y espíritu como causa última de las cosas y niega a lo espiritual
todo poder causativo. El marco mental de los jonios era otro: su materia estaba
dotada de espíritu y vida.
Esta concepción de unidad entre materia y espíritu fue creando
problemas y tensiones a medida que se desarrollaba el pensamiento griego;
hubo que irle asignando más y más atributos espirituales a la materia, incluido
el pensamiento, hasta que la unión se volvió intelectualmente insostenible
y la mente de los griegos separó al espíritu de la materia.
Los Pitagóricos, la Forma.
Aunque filosofan también sobre el universo, su motivación
no es la curiosidad científica, como fue el caso de Los Jonios, sino mejorar
la vida de los hombres. De hecho, constituían una hermandad religosa. La había
fundado Pitágoras hacia el año 530 A. C. cuando salió de su isla nativa de
Samos y se fue a Crotona en el sur de la actual Italia. El hecho de que Pitágoras
proviniera de Samos, también en el oriente griego, asegura el enlace con el
pensamiento de los Jonios. Aunque sus discípulos fueron perseguidos y dispersados
por razones políticas, en el siglo V encontramos sus comunidades en varias
partes de Grecia y el pitagorismo, como escuela, tuvo larga duración.
Como los Jonios, creían que el universo en su totalidad era
una criatura viviente. El aire o aliento no sólo rodea el universo
sino que impregna todo y le da vida. Ese mismo aire o aliento da vida
a las criaturas vivientes individuales. El aliento o vida del hombre y el
aliento o vida del universo infinito y divino eran esencialmente lo mismo.
El universo era uno, eterno y divino. Los hombres son muchos, divididos y
mortales. Pero la parte esencial del hombre, el alma, no es mortal
porque es un fragmento del alma divina, separada y aprisionada en un cuerpo
mortal.
El fin del hombre es librarse de la corrupción del
cuerpo y, convirtiéndose en espíritu puro, volver a unirse al espíritu universal.
Mientras no lo consiga, el alma se irá reencarnado repetidamente no sólo en
cuerpos humanos sino también en otros seres. El hombre, pues, es pariente
de todo lo demás. Más aún, todo tiene una relación de parentesco con todo.
Este principio fundamental del pitagorismo viene de antiguas creencias similares
a las que los antropólogos han encontrado en otros pueblos primitivos. ¿Qué
tiene que ver esto con filosofía?
Pitágoras, ciertamente filósofo, introdujo el modo filosófico
cuando explica el camino de la purificación y unión con lo divino. El camino
de los otros era de ritos externos. El de Pitágoras, aunque conserva los ritos,
insiste en la comprensión de la estructura o forma de
las cosas buenas. El estudio de los seres vivos individuales nos lleva a la
comprensión de que son organismos, es decir, sus partes no son partes sueltas
sino partes estructuradas, subordinadas al fin de mantener vivo al
todo (la palabra griega organon significa instrumento). La vida plena
y eficaz depende de la organización. Así es el mundo. El mundo es bueno y
vivo y divino porque es un todo organizado y sus partes obedecen a un orden.
La forma del mundo es ordenada.
Para Pitágoras, sólo lo limitado puede estar sujeto
a un orden. Dicho de otra manera, sólo lo limitado puede tener partes relacionadas
entre sí, subordinadas las unas a las otras. De ahí que lo limitado es bueno,
y lo ilimitado es malo porque no puede ser ordenado. Llamó al mundo kosmos
, palabra intraducible que mezcla referencias a orden, correspondencia y belleza.
Si el fin del hombre es irse convirtiendo en espíritu puro
para identificarse con el kosmos viviente, el camino es estudiar
cómo actúa y cómo es ese kosmos. Este conocimiento capacita al hombre
para ser un kosmos en pequeño, imitando la estructura, la forma, el orden
del universo.
Al mismo tiempo Pitágoras hizo considerables progresos en
matemáticas. Tal vez el que más influyó en su modo de pensar y a la vez confirmó
ese modo de pensar, fue descubrir que los intervalos de la escala musical
podían expresarse con razones aritméticas entre los números 1, 2, 3 y 4. La
ilimitada variedad de posibles sonidos, sometida al límite y orden de los
números, se transforma en música. Ejemplo perfecto de lo que acontece en el
universo.
Por tanto, para explicar el mundo en que vivimos no hay que
buscar la materia de que está hecho, pues es común a todo, sino la estructura,
la forma de cada cosa. El foco de atención se ha desplazado de la materia
a la forma. ¿Pero qué conceptos o palabras están a disposición de Pitágoras
para expresar esa variedad de formas? El había logrado expresar algunas de
ellas con números y tal vez por eso dijo que "las cosas son números".
El problema del movimiento
Hasta ahora los filósofos han buscado algo permanente para
explicar el mundo en que vivían, a lo que Pitágoras ha añadido el orden y
la armonía. Pero, mientras los atenienses avanzaban hacia su democracia, el
pensamiento griego en general también se desarrollaba y ya no resultaba natural
aceptar una única substancia material como principio de todo. Además, las
explicaciones que daban de la variedad de las cosas, de sus cambios y movimientos,
no parecían convincentes. Surgieron así nuevos filósofos que trataron de responder
a esas preguntas.
Hacia finales del siglo VI o comienzos del V, Heráclito
(c. 544 - 484) contradice todo lo anterior afirmando que nada es permanente
y no existe armonía. Lo que vive, vive por la destrucción de otra cosa. El
fuego vive por la muerte del aire. Lo que parece armonía es tensión de opuestos.
La base del equilibrio es la lucha; la lucha es buena en sí puesto que es
la fuente de la vida. La arjé (principio) ya no es agua o aire o apeiron
sino devenir puro, mero fluir.
El fuego proporciona una especie de símbolo del mundo. Es
la mejor expresión de sus dos principios centrales: 1) todo nace de la lucha
y 2) todo está en constante flujo. El fuego vive consumiendo y constantemente
cambia de materia. Como así es el mundo, podemos decir que es una especie
de fuego.
La respuesta que da Parménides (c. 540 - 470) es exactamente
la contraria a la de Heráclito y un regreso a la materia única: los cambios
y la variedad de las cosas del mundo tienen una explicación: son pura ilusión.
El movimiento es imposible. La realidad es una substancia simple, inmóvil
e inmutable.
¿Cómo llega Parménides a tan extraordinaria conclusión? Para
entenderlo recordemos de nuevo la pobreza de instrumentos de la mente con
que estos pensadores se van abriendo paso. Aquí el problema es fundamentalmente
gramatical con repercusiones lógicas.
En griego, el verbo ser significa existir. Parménides tomó
esto muy en serio. Decir que una cosa es tal cosa, es decir que existe.
Por tanto, decir que el aire se convierte en agua es una mentira y un disparate
porque si ya no es aire ya no existe y el agua, que no era,
no existía. Si aceptamos el cambio aceptamos que lo que es se convierte en
lo que no es, lo que existe en lo que no existe. Tampoco existe el movimiento,
porque si existiese movimiento existiría espacio vacío, pero espacio vacío
sería lo que no es, lo que no existe.
El mundo real, por tanto, es un algo inmutable e inmóvil.
¿Pero no nos dicen lo contrario los sentidos? Sí, y es pura ilusión. Sólo
la mente capta la verdad. Parménides fue el primero en exaltar lo inteligible
a expensas de los sensible y pone, así, a los griegos en la senda del trabajo
abstracto de la mente sola, senda para la que los griegos dieron muestras
de bien dotados. Pero el desinterés de Parménides por los fenómenos de los
que nos informan los sentidos, puso a la ciencia europea -según opinan algunos-
en un camino equivocado y que duró más de mil años.
El pensamiento de Parménides influyó por mucho tiempo a través
de lo que se ha llamado la Escuela Eleática. Pero, por otro lado, el sentido
común de otros griegos se rebeló contra la exclusividad de la razón y trató
de salvar el mundo del que nos informan los sentidos.
Para Empédocles (c. 492 - 432) la arjé eran
cuatro elementos que él llamaba "raíces" (raíces de todo lo demás):
la tierra, el agua, el aire y el fuego. Las combinaciones diversas de estas
cuatro raíces explicaban la diversidad de las cosas. Vuelve, pues, siguiendo
a Pitágoras, a la importancia de la estructura o forma de las cosas.
Cada una de las cuatro raíces son algo último e irreductible.
Ni nacen ni perecen. De ellas se desprenden partecitas que, juntándose con
partecitas de las otras, hacen combinaciones nuevas. Lo que los hombres llaman
aparecer y desaparecer es este mezclarse y separarse de las partes. El devenir,
por tanto, es un mero cambio de lugar de las partes o elementos constitutivos.
"Aun cuando no fueran verdaderos elementos los que él tomo por tales...
mérito será siempre de él haber tenido con exactitud la idea de elemento."(2)
Pero ¿qué hace que estas "raíces" se combinen de
diversa forma? Por primera vez se piensa -gran paso hacia la verdad- que debe
haber una causa motriz, distinta e independiente de la materia de que
están hechas las cosas. El cree necesario aceptar que son dos causas motrices,
como dos fuerzas, que llama "amor" y "lucha". Fuerzas
como de atracción y repulsión. El "amor" hace que los hombres hagan
el bien; la "lucha" hace que hagan el mal. Por ser estas fuerzas
distintas de la materia de las cosas, ¿estamos ya dando también el paso del
reconocimiento de que existe algo que no es materia? Por la forma de hablar
de Empédocles no parece que su concepción de estas fuerzas sea de algo no
material.
Este nuevo paso lo da Anaxágoras, (c. 500 - 428) quien
vivía en Atenas en tiempos de Pericles. No sólo afirma con Empédocles que
debe haber una causa motriz distinta e independiente de la materia de que
están hechas las cosas, sino que añade que esta causa motriz no es materia,
es espíritu y gobierna al mundo, le da orden.
El paso conlleva un doble avance: 1) Ser no significa siempre
ser material; la inteligencia de Anaxágoras descubre un nuevo modo de ser:
el ser espiritual. 2) Puesto que el espíritu gobierna al mundo, lo somete
a un orden, el mundo y sus cosas tienen un propósito; es lo que más
tarde se llamará causa final; además de buscar la causa motriz hay que buscar
también la causa final, la que descubre el sentido, el propósito, la orientación
de las cosas.
Comenta Aristóteles: "...cuando alguien (Anaxágoras)
dijo que al igual que ocurre en los animales había también en la Naturaleza
una inteligencia, que era la causa del mundo y de todo el orden de las cosas,
pareció sobrio y prudente en comparación de los antiguos, amigos de decir
cosas banales"(3)
¿Es este el comienzo de la aceptación de un Dios que gobierna
el mundo racionalmente y al que se le conoce porvía racional? Sócrates y Platón
reprochan a Anaxágoras por afirmar que el espíritu es la causa primera de
todo y luego olvidarse de ese espíritu tratando de explicar todo como si no
existiese. En ese sentido el paso de Anaxágoras no tuvo trascendencia.
Un tercer esfuerzo por salirse de la camisa de fuerza impuesta
por Parménides es el del grupo de los llamados atomistas, del que Demócrito
(c. 460 - 370) es el más conocido. En vez de las cuatro "raíces"
de Empédocles, Demócrito presume que el mundo en que vivimos está hecho de
unas partículas mínimas, tan mínimas que no sólo no podemos verlas sino que
no pueden ser partidas (por eso las llamó "a-tomos", impartibles).
Se mueven a gran velocidad. Todas son del mismo material indestructible, pero
tienen diversos tamaños y formas. La diversa combinación de ellas explica
los diversos seres que nuestros sentidos perciben. Cuando más apretadas entre
sí, más sólido el objeto que constituyen.
¿Qué es lo que captan nuestros sentidos? Las cosas dulces
están formadas por átomos lisos que agradan a nuestra lengua cuando la tocan;
las agrias, en cambio, por átomos punzantes. Los colores provienen de la forma
y posición de los átomos que reflejan la luz que les llega; la luz es también
hecha de átomos pero particularmente finos y veloces. Los objetos emiten unas
como películas (también de átomos) que conservan la forma del objeto al moverse
en el espacio y, al tocar el ojo, "vemos" el objeto. Los átomos
más sutiles y volátiles hacen las almas de animales y hombres. Todo es materia
y todo el conocimiento de los sentidos queda reducido al tacto.
La presuposición de átomos moviéndose velozmente obliga a
Demócrito a aceptar que existe el vacío en el que se mueven los átomos. Pero
si todo lo que existe está hecho de átomos, ¿cómo existe el vacío? Demócrito
recurre a una paradoja: "Lo que no es, existe lo mismo que lo que es".
¿Por qué se mueven los átomos? Responden diciendo que un movimiento causa
al otro. Aristóteles no se quedará satisfecho con esa respuesta y señalará
que los atomistas escamotean el problema del origen del movimiento en su conjunto.
Por admirables que hayan sido estos primeros esfuerzos de
la razón humana para entender el mundo, no podemos ignorar que dejaban al
hombre corriente en un estado de confusión. "El hombre corriente se hallaba
ante el dilema de creer, con Parménides, que todo movimiento era ilusión y
la realidad un todo inmóvil, o de 'salvar los fenómenos' (como tenían la insolencia
de decir los otros) aceptando como realidades únicas los átomos -los átomos
invisibles, incoloros, inodoros, áfonos- y el vacío. Ninguna de las dos teorías
era satisfactoria ni particularmente creíble. De todos modos, si se creía
a los físicos, entonces lo que ellos llamaban la physis o naturaleza
real de las cosas era algo extremadamente remoto del mundo en que nos parece
vivir. Si estaban en lo cierto, la naturaleza del mundo real resultaba de
muy poca importancia para el hombre que tenía que tratar todos los días con
un mundo completamente distinto."(4)
Se fue perdiendo el interés intelectual por la physis
y la curiosidad de los filósofos se va orientar hacia la vida humana misma,
hacia los problemas de la convivencia, de las leyes y del gobierno. Al fin
y al cabo eran los problemas que interesaban a muchos griegos desde antes
de Tales, problemas a los que había dado sabias respuestas prácticas Solón
en Atenas, y a los que fueron dando sus respuestas otros políticos para bien
o para mal de sus conciudadanos.
Desde los tiempos de Heráclito y Parménides Grecia estuvo
en guerra con Persia bajo la dirección de Esparta. Curiosamente, vencida Persia,
no es Esparta sino Atenas la que surge como ciudad principal. Atenas avanza
hacia su democracia y entra a un período de gloria de su arte, invita a las
otras ciudades a formar la Liga de Delos con el propósito de prepararse para
una posible nueva guerra con Persia pero la Liga resultó siendo el instrumento
del gobierno ateniense -la asamblea de sus ciudadanos libres- para oprimir
a las otras ciudades. En el momento en que ahora estamos detenidos está a
punto de comenzarla Guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta.
Obviamente, los filósofos tendrán nuevos temas de qué ocuparse.
(1) Johannes
Hirschberger: Historia de la Filosofía, Biblioteca Herder, vol I, p.
46. [Regresar]
(2) Hirschberger:
Ibid., p. 62. [Regresar]
(3) Aristóteles:
Metafísica, Lib. I, cap. 4 (Aristóteles, Obras, Aguilar, p. 915). [Regresar]
(4) W. K. C.
Guthrie: Ibid.. p. 67. [Regresar]
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