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INTELIGENCIA SENTIENTE

Xavier Zubiri

 

[449]

Inteligencia y Realidad

María Lucrecia Rovaletti Conicet

[de Revista Portuguesa de Filosofia 41:449-458 (1985)]

Bibliografía oficial #584

    

 

 

 

 

 

 

    Casi veinte años después de publicada Sobre la Esencia,[1] aparece la

    segunda gran obra de Xavier Zubiri: Inteligencia sentiente.[2] Esta presenta

    en sus tres tomos el pensamiento de este autor sobre el «inteligir», el

    «conocer» y el «saber».

 

    El primero que aquí trataremos, se subtitula Inteligencia y Realidad, y a él

    le siguen otros dos sobre el «logos sentiente» y la «razón sentiente».[3]

    Ya en el prólogo el autor responde a las críticas que se le hiciera, con

    motivo de la publicación de su metafísica: la carencia de una obra que

    exprese su idea del saber.

 

    Sin embargo, «esta necesidad» constituye una ‘anterioridade’? Indudablemente

    que toda investigación sobre la realidad supone un concepto de lo que sea el

    saber. Una prioridad intrínseca del saber sobre la realidad o de la realidad

    sobre el saber sería imposible, porque «el saber y la realidad son en su

    misma raíz estricta y rigurosamente congéneres» (I.S. prólogo). Por eso esta

    obra no es una CRITICA en el sentido «puro» de lo que le es «posible saber»

    al hombre, como decía Kant. Zubiri estudia la inteligencia pero como

    realidad, es decir, como el modo real de acceso a la realidad.

 

    Digamos más bien que ella constituye una «teoría de la inteligencia» en

    cuanto «nos presenta unificados una serie de hechos pertenecientes a la

    conducta inteligente». Ella responde de un modo preciso «a la necesidad de

    explicar la hominización de la conducta en el marco de la continuidad

    evolutiva».[4]

 

    Inteligencia y Realidad es el desarrollo de una sola idea: la intelección

    humana como actualización de lo real en y por sí mismo en la inteligencia

    sentiente. [450]

 

    Pero hay otros modos de actualización o mejor dicho de reactualización.

    Cuando intelijo lo que es la cosa real en función de otras realidades, nos

    encontramos con el logos que «intelige pues una cosa real desde otras cosas,

    las intelige por tanto campalmente» (S.I., p. 275).

 

    La razón en cambio es la aprehensión de lo real actualizado en el mundo. No

    es un razonamiento ni un resultado de razonamiento, sino una marcha desde la

    realidad campal hacia la realidad mundanal (S.I., p. 277). Se trata pues de

    un dinamismo y una marcha dentro de la realidad misma. «La razón no tiene

    que lograr la realidad sino que nace y marcha ya en ella» (I.S., p. 278).

 

    El primer tomo, a su vez, posee una serie de Apéndices a cada capítulo en

    los cuales se tratan todos los temas que surgen del mero análisis

    descriptivo de la intelección, pero que en muchos aspectos lo exceden.

 

    

    Inteligencia y Realidad

 

    Después de esta introducción vamos a abocamos al primer volumen. Zubiri

    comienza con un análisis de la aprehensión sensible común al animal y al

    hombre: el SENTIR. La naturaleza de esta aprehensión depende de los procesos

    puramente biológicos de «formalización», los cuales constituyen la recepción

    y organización cibernética de información refiriéndola a unidades autónomas

    de independencia objectiva.[5]

 

    Pues bien, hay dos modos de impresión: sentir la estimulidad y sentir la

    realidad. Y la formalidad es el carácter de «autonomía» de las cosas en

    virtud de la cual quedan estas respecto al sentiente.

 

    Cuando se aprehende una nota como «otra», es decir cuando su alteridad

    consiste solamente en suscitar una respuesta, esta constituye el signo. «La

    formalidad de estimulidad consiste precisamente en formalidad de

    signitividad» (I.S., p. 49).

 

    A lo largo de la serie zoológica gracias a la formalización, el animal va

    sintiendo sus estímulos como «notasigno» cada vez más independiente del

    animal mismo (I.S., p. 69).

 

    En los animales la impresión es un mero signo objectivo de respuesta, con

    una signitividad que admite grados.

 

    Cuando el aprehensor queda totalmente «despegado» del estímulo, la

    formalización se trueca en «hiperformalización». De este modo el hombre

    deviene «animal de distanciamiento». Es «distanciamiento en las cosas y no

    alejamiento de ellas». Por ello el hombre puede sentirse «perdido en las

    cosas». El animal, a lo más puede hallarse desorientado en las respuestas.

    [451]

 

    El hombre posee además, en sus llamados «sentidos» otro modo de

    aprehensión, además de la aprehensión sensible de pura estimulidad propia del

    animal. El calor aprehendido, por ejemplo, no constituye ya un signo de mera

 ...respuesta, sino en ser «caliente de suyo». «La independencia signitiva se ha

 ...tornado en independencia de realidad» (I.S., p. 57). El hombre aprehende

 ...sensiblemente bajo la formalidad de realidad o reidad.

 

    La intelección humana es formalmente mera actualización de lo real en

    inteligencia sentiente» (I.S., p. 5).

 

    Dos conceptos fundamentales definen aquí la intelección: que ella es «mera

    actualización» y que la inteligencia es «sentiente».

    

    I) El carácter impresivo de la intelección se expresa justamente en el

    neologismo «sentiente», que indica la unidad estructural

    inteligencia-sensibilidad. En otro orden, también la inteligencia estará

    estrechamente vinculada al sentimiento, como a la capacidad de opción y a la

    capacidad de reacción.

 

    a) Frente a un empirismo craso, Zubiri muestra que los sentidos no solo

    ofrecen contenidos, sino que en «unidad estructural» con la inteligencia

    humana, sienten lo aprehendido como real.

    La especificidad de los sentidos humanos no se explica por una mera

    complicación de contenidos, sino una unidad estructural con la inteligencia,

    y la diferencia radical de cada uno de los sentidos no está en las

    «cualidades» que nos ofrecen sino en la forma que cada uno presenta la

    realidad. Dicho de otra manera, «todos los momentos modales de la impresión

    de realidad tienen un contenido cualitativo propio siempre muy especifico,

    este color, este sonido, este peso, esta temperatura, etc. (I.S., p. 113).

 

    Pues bien, la impresión de realidad o intelección sentiente—a diferencia de

    la mera estimulidad—al trascender todos los contenidos, es constitutivamente

    inespecífica; me presenta la realidad de modo distinto: ante mi, en,

    hacia... El trascender todos los contenidos tiene por tanto una estructura

    trascendental.

 

    Los distintos modos con que los sentidos nos presentan la realidad son eo

    ipso distintos modos de intelección. Por eso, cuando un hombre carece de un

    sentido, le falta no solo el contenido específico correspondiente que este

    sentido le actualiza.

 

    La formalidad de realidad no es por ello un «de suyo» abstracto y vacío,

    sino diversificado por los distintos modos como cada uno de los sentidos

    humanos nos la hacen presente. Aunque sea uno sólo o varios los órganos

    sensoriales afectados, la intelección humana está modulada por la unidad de

    todos los sentidos, porque cada uno de ellos es un analizador de la unidad

    previa que es la aprehensión primordial de la realidad.

 

    b) Frente a todo intelectualismo, Zubiri insiste que el sentir y el

    inteligir humano no solo no se oponen, sino que «constituyen en su

    intrínseca y formal unidad un solo y único acto de aprehensión (I.S., p.

    13.).

 

    Esto no significa, sin embargo ni identificar el sentir y el inteligir, ni

    identificar el sentir humano con el sentir animal. Formalmente hablando —

    otra cosa es desde el punto de vista evolutivo — la formalidad de

    estimulídad no es meramente un grado previo a la formalidad de realidad, la

    diferencia es esencial. . [452]

 

    Reconocer el carácter «sensible» de la inteligencia no es lo mismo que

    hablar de inteligencia ‘sentiente’. La inteligencia sensible se reduce a ser

    «inteligencia de lo sensible», es decir, la inteligencia sólo conocería los

    datos mas o menos informes ofrecidos previamente por los sentidos, y en un

    acto específico suyo los haría inteligibles a través del concebir, juzgar y

    razonar.

 

    Ahora bien, aceptar esto implica oponer el sentir al inteligir y dividir la

    realidad en sensible e inteligible. Y esto para Zubiri es inaceptable.

    Sentir e inteligir son dos momentos de un solo acto, es decir unidad

    formalmente estructural y no una síntesis objetiva (Kant).

 

    En cambio, decir que los sentidos sienten lo sensible «en» la inteligencia

    no significa que el objeto primario y adecuado del inteligir sea lo

    sensible, sino que significa que el mismo modo de inteligir es sentir la

    realidad» (I.S., p. 83).

    

    II) La intelección es «mera actualización». Ya en Sobre la Esencia, Zubiri

    distinguía entre ser y realidad, en cuanto actualidad y reactualidad. Ahora

    estos conceptos se ajustan en la distinción actuidad y actualidad.5 Si acto

    es perfección («actuidad») digamos que «actualidad» es el «estar presente»

    del acto. «Actuidad es el carácter de acto de una cosa real. Actualidad no

    es el carácter del acto, sino el carácter del actual» (I.S., p. 137).

    Así algo puede tener mucha o poca actualidad, puede adquirirla o perderla

    sin que se modifique la actuidad de algo, este puede tener un tipo de

    actualidad o dejar de tenerla. Más aún, una cosa puede tener diversos tipos

    de actualidades no solo sucesiva sino también simultáneamente. En este

    sentido la actualidad es un momento real que admite un devenir real,

    distinto del devenir de la actuidad. Y esto es posble, fundado en la

    actualidad radical de una cosa, de la cual las otras actualizaciones serán

    modalizaciones fundadas en ella. Ahora bien, la actualidad admite diversos

    grados de profundidad.

 

    En primer lugar podríamos hablar de la «mera presentidad», una presencia

    meramente extrinseca. Es la actualidad, por ejemplo, que ante los

    científicos tienen los virus hoy, u que antes no la tenían a pesar de su

    actuidad.

 

    En un estrato más profundo, la actualidad es intrínseca, porque se hace

    presente a otras realidades desde si misma. Por ejemplo, cuando una persona

    se hace presente entre otras, o a algún lugar. Lo actual se hace presente

    «estando». Acentuamos más el estar que el «presente» del estar.

 

    En un tercer estrato, la presencia del «estar» pertenece formalmente a la

    realidad que está presente. Es una actualidad intrínseca y formal; digamos

    entonces:

 

    a) En toda realidad en cuanto realidad, el «ser» es el principio de toda

    actualidad y por ello la realidad está «respectivamente» en el mundo;

 

    b) En la realidad humana como tal, la corporeidad es la actualidad radical

    que funda toda relación interpersonal humana.

 

    c) En cambio, en la aprehensión humana de lo real, la «intelección

    sentiente» es el modo radical y primario, es la «aprehensión primordial de

    lo real» y como esta es actualización sentiente, también lo serán las

    actualizaciones ulteriores fundadas en [453] ellas: el logos sentiente y la

    razón sentiente. En ellas «no hay ciertamente más realidad, pero la realidad

    queda actualizada más ricamente» (I.S., p. 267).

 

    Toda aprehensión ulterior es la expansión misma de lo real aprehendido

    previamente en la aprehensión primordial. Ulterioridad significa inteligir

    que es « realidad» lo ya aprehendido «como real».

 

 

    Aprehensión primordial y trascendentalidad

 

    Insistamos ante todo que la aprehensión primordial o impresión de realidad,

    no es impresión de lo «trascendente», sino impresión de lo trascendental.

 

    Trans no significa estar allende la aprehensión misma, si así fuera la

    impresón de realidad sería impresión de lo trascendente. La aprehensión de

    una cosa real supondría que esta es y continúa siendo real aunque no la

    aprehendamos. Y esto es formalmente falso, porque habría que averiguar en

    cada caso si lo aprehendido es trascendente y justificarlo entonces desde la

    trascendentalidad. «La posible trascendencia se apoya pues en la

    trascendentalidad y no al revés» (I.S., p. 115).

 

    El trans pues, no indica ni afuera ni allende la aprehensión misma. Trans

    significa estar «en la aprehensión pero rebasando su determinado contenido»

    (I.S., p. 115). El trans no es un carácter trascendente, ya que nos saca de

    lo aprehendido sino que nos sumerge en su realidad misma. «Este rebasar

    intra-aprehensivo es justo la tracendentalidad» (I.S., pág. 115).

 

    Realidad es la formalidad[6] bajo la cual el hombre aprehende algo. Por eso

    la realidad no debe entenderse como una zona especial de cosas que estuviera

    allende la zona de nuestras impresiones meramente sensibles. «Realidad no es

    un estar ‘allende’ la impresión, sino que realidad es mera formalidad»

    (I.S., p. 152).

 

    Por eso Zubiri insinúa el término reidad como formalidad en la cual quedan

    las cosas a la inteligencia sentiente, y reismo porque de este modo queda

    abierta la posibilidad de muchos tipos de realidad: no es idéntica la

    realidad de una piedra a la de la persona, a la realidad social, a la

    realidad moral...

 

    Desde una inteligencia concipiente, cabe la distinción entre realidad e

    impresiones meramente’ sensibles. Pero desde una inteligencia sentiente, hay

    que distinguir «lo que es real en la impresión» y lo que es «real allende la

    impresión» como dos maneras de ser real.

 

    El hecho que algunas veces lo real en la impresión sólo sea real en ella no

    quita que sea real. Es el caso de las cualidades sensibles en la percepción,

    como nos lo muestra [454] la ciencia hoy. Indudablemente que si

    desaparecieran los animales con visión desapaparecerían no sólo los colores

    reales — es decir más afecciones sensibles — sino que fundamentalmente

    desaparecería la realidad coloreada. Sin embargo esto no da pie a pensar que

    las impresiones mías se reducen a ser meramente subjetivas — sería suponer

    que sólo hay impresión con su momento de contenido y nada más. Estaríamos

    ante «una» inteligencia y «una» sensibilidad, cada una con su estructura

    unitaria propia, pero no ante una inteligencia sentiente. La inteligencia

    sentiente es tal porque intelige sentientemente tanto lo sensible como lo no

    sensible por ser sólo inteligencia de «lo sensible». La impresión es

    impresión de realidad y en ella se da «a una» el momento de contenido y el

    momento de formalidad de realidad.

 

    Ahora bien, lo que puedan ser allende lo percibido estas cualidades reales

    en la percepción es algo que solo puede ser inteligido fundándonos

    precisamente en la realidad de estas cualidades en la percepción. Y este es

    un problema que atañe a las ciencias actualmente, las cuales aún hoy no han

    dado una respuesta precisa. Escándalo intolerable, según Zubiri.

 

    A su vez lo allende no es real por ser allende sino por ser «real allende».

    Y porque lo real en la impresión y lo real allende coinciden en ser reales,

    «de suyo», es posible que la impresión de realidad en hacia nos lance a un

    allende lo percibido. Se trata de una marcha de lo real percibido a lo real

    allende. Que sea este allende, es decir que sea el término de este hacia, es

    algo esencialmente problemático.

 

    Este hacia puede ser «otra» cosa, pero puede ser también la misma cosa

    presente hacia dentro de si mismo: es posible que al describir lo otro

    allende éste resulta ser el fondo mismo de lo inmediato, pero excediéndolo

    en profundidad. Con lo cual deja de ser una realidad añadida pura y

    simplemente a la primera.

 

    Que lo inteligido allende sea una realidad teóricamente conceptuada (como lo

    es la onda o el fotón) o sea realidad en ficción o realidad poética…no

    cambia la índole de esta intelección allende. La realidad queda actualizada

    como fundamentante, como realidad-fundamento.

 

    Si pensar es la búsqueda de algo allende lo inteligido, pensar es una marcha

    para encontrar en las propias cosas reales inteligidas «primordialmente» que

    sean en realidad Es estar llevado a lo allende por la «fuerza inexorable de

    lo aquende».

 

    Ahora bien, cómo es posible esta ulterioridad como expansión misma de esta

    aprehensión primordial? Considerémosla desde dos perspectivas.

    I—desde la cosa real. Cada cosa real no consiste «meramente ‘en estar ahí’

    ceñida y limitadamente a sus notas propias, sino que en cuanto realidad

    consiste formal y precisamente en positiva apertura[7] a algo que no es

    formalmente la misma cosa» (I.S., p. 17). La cosa por ser real «excede en

    cierto modo a sí misma» y precisamente por este carácter de excedencia, la

    realidad de cada cosa es formalmente respectiva en cuanto real. «Este «en

    cuanto real» es justo la respectividad a toda otra realidad» (I.S., p. 254).

 

    Cada cosa como rea1 es de suyo respectiva a otras cosas. Lo real tiene

    distintas respectividades y todas ellas están inscriptas en la estructura

    misma de la cosa real.