NIHILISMO Y FUTURO
(póstumo)

Friedrich Nietzsche

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL NIHILISMO EUROPEO

 

1

¿Qué ventajas ofrecía la hipótesis moral cristiana?

.

1)    ella le concedió al hombre un valor absoluto en contraposición con su pequeñez y accidentalidad en la corriente del devenir y del perecer.

.

2)    sirvió a los abogados de Dios por cuanto dejó al mundo el carácter de la perfección a pesar del sufrimiento y del mal -incluida aquella “libertad”- el mal apareció lleno de sentido.

.

3)    ella postula para el hombre un saber de valores absolutos y de esta forma le otorgó un conocimiento adecuado justamente para lo más importante.

.

Previno que el hombre se despreciara como hombre que tomara partido contra la vida, que desesperara del conocer: fue un medio de conservación.

.

En suma: la moral fue el mayor antídoto contra el nihilismo práctico y teórico.

 

2

Pero entre las fuerzas que la moral desarrolló estaba la veracidad: ésta se vuelve finalmente contra la moral misma, descubre su teología, su contemplación interesada -y ahora es el reconocimiento de esta mendacidad, convertida por mucho tiempo en segunda naturaleza, y que no se acierta a desechar sin desesperar, lo que obra justamente como estimulante. Hacia el nihilismo. Constatamos ahora en nosotros necesidades de lo no-verdadero: por otro lado, de ellas parece depender el valor gracias al cual soportamos vivir. Este antagonismo, no apreciar lo que conocemos y no estarnos ya permitido apreciar lo que queremos mentirnos: -da como resultado un proceso de disolución.

 

3

En realidad ya no tenemos tanta necesidad de un antídoto contra el primer nihilismo: la vida ya no es tan incierta, tan azarosa, tan absurda en nuestra Europa. Una tan desproporcionada potenciación de valor del hombre, del valor del mal, etc. ya no es hoy tan necesaria, soportamos una significativa reducción de este valor, nos está permitido admitir mucha absurdidad y mucho azar: el poder adquirido por el hombre permite ahora una atenuación de los medios de disciplinamiento, entre los cuales la interpretación moral era el más fuerte.

.

“Dios” es una hipótesis demasiado extrema.

 

4

No se abandona una posición extrema por una posición moderada sino por otra igualmente extrema, pero contraria. Y así es como la creencia en la inmoralidad absoluta de la naturaleza, en la falta de sentido y de fin, se apodera de nosotros como un afecto psicológicamente necesario, cuando ya no puede mantenerse la creencia en Dios y en un orden esencialmente moral del mundo. El nihilismo aparece entonces, pero no porque el displacer ante la existencia sea mayor que antes, sino porque nos hemos vuelto desconfiados hacia todo tipo de «sentido» en el mal, e incluso en la existencia. Una interpretación entre otras ha naufragado, pero como se creyó que era la única interpretación posible, parece que la existencia ya no tenga sentido, que todo sea en vano.

 

5

Queda por demostrar que este «¡en vano!» caracteriza al nihilismo actual. La desconfianza respecto a nuestras anteriores valoraciones llega a plantear esa pregunta: ¿Todos los «valores» no serían medios de seducción destinados a prolongar la comedia sin llegar nunca al desenlace? Si es verdad que «todo es en vano», si no hay objetivo ni fin, la duración se convierte en el pensamiento más paralizador, sobre todo cuando se comprende que se está siendo burlado y, sin embargo no se tiene poder para no permitirlo.

 

6

Consideremos ese pensamiento en su forma más temible: la existencia tal como es, sin sentido ni finalidad, pero inevitablemente retornando sobre sí, sin desembocar en la nada: el eterno retorno.

.

¡Esta es la forma extrema del nihilismo!: ¡la nada (la «falta de sentido») eterna!

.

Forma europea del budismo: la energía del saber y de la fuerza nos obliga a semejante creencia. Es la más científica de todas las hipótesis posibles. Nosotros negamos las causas finales: si la existencia tuviese un fin, ya lo habría alcanzado.

 

7

Entonces comprendemos que se aspira a lo contrario del panteísmo, pues si «todo es perfecto, divino, eterno», debe creerse igualmente en el «eterno retorno». Un problema: la abolición de la moral ¿es también la abolición de esa afirmación panteísta de todo lo que existe? En el fondo, lo que se ha superado es sólo el Dios moral. ¿Tendría sentido imaginar todavía un Dios situado «más allá del bien y del mal»? ¿Sería posible aún un panteísmo en este sentido? Si suprimimos del proceso la idea de un fin, ¿afirmaremos no obstante el proceso? Sí, en tanto en cuanto fuese alcanzado siempre un único y mismo fin dentro de ese proceso y en cada uno de sus momentos. Spinoza llegó a formular una afirmación de ese tipo atribuyendo a cada instante una necesidad lógica; y gracias a su incomprensible instinto lógico, pudo salir victorioso de un mundo construido de ese modo.

 

8

Pero su caso no es más que un caso aislado. Cada rasgo de carácter fundamental que se halle en el fondo de todo acontecer y se exprese en todo acontecer, en caso de ser experimentado por un individuo como su propio rasgo fundamental de carácter, tendría que llevar a este individuo a aprobar jubilosamente cada instante de la existencia general. Se trataría justamente de experimentar en sí mismo este rasgo de carácter fundamental con placer, como algo bueno, valioso.

 

9

Pero la moral ha protegido a la vida contra la desesperación, contra el hundirse en la nada entre los hombres y las clases brutalizadas y oprimidas por otros hombres: pues el sentimiento de nuestra impotencia frente a otros hombres y no frente a la naturaleza lo que engendra la amargura más desesperada contra la existencia. La moral ha considerado a los que detentan el poder y ejercen la fuerza, a los «señores» en general, como los enemigos del hombre común, de los cuales hay que protegerlo, es decir, en primer lugar animado y fortalecido. Por consiguiente, la moral ha enseñado a odiar, a despreciar en lo más profundo del alma lo que constituye el rasgo distintivo de los señores: su voluntad de poder. Suprimir, negar, derruir esta moral: esto sería proveer al impulso mejor odiado de una sensación y de una valoración inversas. Si el que sufre, el oprimido, dejase de creer que tiene un derecho a despreciar la voluntad de poder, se precipitaría en una desesperación desesperanzada. Se daría este caso si ese rasgo fuese esencial para la vida si se comprobase que incluso esta voluntad moral no es más que una máscara de la «voluntad de poder», que este odio y este desprecio mismos son también una voluntad de poder. El oprimido se daría cuenta entonces de que está situado en el mismo nivel que su opresor y de que no goza frente a él de ninguna prerrogativa, ni tiene un rango superior.

 

10

¡Más bien a la inversa!, no hay nada en la vida que tenga valor excepto el grado de poder -si se admite que la vida misma es voluntad de poder. La moral ha protegido a los mal-librados contra el nihilismo, atribuyendo a cada cual un valor infinito, un valor metafísico, mediante su integración en una jerarquía que no coincide con la del poder y la jerarquía mundanos: la moral ha enseñado la resignación, la humildad, etc. Suponiendo que esta fe en esa moral sucumbiera, los mal-librados, privados de consuelo, sucumbirían.

 

11

Este sucumbir se presenta como una autodestrucción, una selección instintiva de aquello que tiene que obrar la destrucción. Síntomas de esta autodestrucción de los mal-librados: la autovivisección, la intoxicación, la embriaguez, el romanticismo, y sobre todo la necesidad instintiva de realizar unos actos con las cuales se hace de los poderosos enemigos mortales (-criándose, por así decir, sus propios verdugos), la voluntad de destrucción, expresión de un instinto más profundo aún que el instinto de autodestruirse: la voluntad hacia la nada.

 

12

El nihilismo es el síntoma de que los mal-librados han perdido toda posibilidad de consuelo; de que destruyen para que se les destruya; de que, privados de la moral, ya no disponen de ninguna razón para «resignarse»: de que se sitúan en el plano del principio contrario y quieren, también ellos, ejercer el poder obligando a los poderosos a convertirse en sus verdugos. Tal es la forma europea del budismo, el hacer-No, una vez la existencia ha perdido su «sentido».

 

13

No es que la «penuria» haya aumentado: ¡al contrario!: «Dios, moral, resignación eran remedios contra un terrible grado de miseria: el nihilismo activo aparece en circunstancias relativamente mucho más favorables. El mero hecho de sentir que la moral está superada presupone un relativo nivel de cultura espiritual, y éste a su vez presupone un relativo bienestar. Un relativo cansancio intelectual, llevado por el largo conflicto de las opiniones filosóficas hasta un escepticismo desesperado respecto a toda filosofía, caracteriza también el nivel en modo alguno inferior de esos nihilistas. Piénsese en las circunstancias en que apareció Buda. La doctrina del eterno retorno tendría presupuestos eruditos (como las tenía la doctrina [de] Buda, por ejemplo: el principio de causalidad, etc.).

 

14

¿Qué significa en nuestros días la palabra «mal-librado»? Sobre todo tiene un sentido fisiológico, ya no político. La clase más insana del hombre europeo (en todos las clases) es el terreno en que crece ese nihilismo; ella concebirá la creencia en el eterno retorno como una maldición que cuando hiere hace que no pueda retrocederse ante ningún acto; esos no sólo querrán extinguirse pasivamente, sino hacer extinguir voluntariamente todo lo que hasta ese punto está desprovisto de sentido y finalidad; a pesar de que se trate sólo de un estertor de una rabia ciega ante la idea de que todo existe desde toda la eternidad, incluso este momento de nihilismo y de ansia de destrucción. -El v a l o r de semejante crisis  es que purifica, que agrupa a los elementos análogos y los hace corromperse mutuamente que asigna tareas comunes a los hombres de mentalidades más opuestas, que, incluso entre ellos, saca a la luz a los más débiles, a los más inseguros, y da así impulso a una nueva jerarquía de las fuerzas, basada en la salud; los señores reconocidos como señores, los esclavos reconocidos como esclavos. Esto, desde luego, fuera de todos los órdenes sociales existentes.



15

¿Quiénes aparecerán entonces como los más fuertes? Los más moderados, los que no tienen necesidad de creencias extremas. Los que no sólo aceptan sino que aman una buena porción de azar, de absurdo, los que pueden pensar al hombre dentro de una significativa reducción de su valor sin por ello verse empequeñecidos o debilitados: los más ricos en salud, los que están en condiciones de soportar las mayores desgracias y que, por ello, ya no temen la desgracia -hombres que están seguros de su poder y que representan con un consciente orgullo la fuerza alcanzada por el hombre.